Al director Roland Emmerich le encanta jugar a ser Dios en cada película que hace, por algo ultra merecidamente se ha ganado el apodo de maestro de la demolición y del fin del mundo. Su filmografía (The Day After Tomorrow, Godzilla, Independence Day) lo ha llevado a destruir nuestro planeta por invasiones extraterrestres de naves gigantes sobre las principales capitales del mundo, monstruos radioactivos que salen del mar para cambiar Japón por USA y catástrofes naturales más de una vez. Y aunque generalmente sus películas son bastante como las pelotas y aburridas (no cuenta en ese comentario Independence Day), las secuencias apocalípticas siempre han resultado ser algo bastante atractivo visualmente. Porque puta, seamos sinceros, no es por ser mala onda con la humanidad pero ver como esto se va a las pailas siempre tiene un morbo divertido. Esta vez, con 2012, Roland Emmerich vuelve a la carga con la aniquilación absoluta de nuestro planeta, aferrándose a la ya clásica profecía Maya del fin del mundo y a las fuerzas de la naturaleza. Muchas cosas se han dicho sobre este clásico de la paranoia popular, primero, que será un meteorito gigante el que golpee el planeta y deje la misma zorra que hace millones de años se llevó a los dinosaurios al cielo. Otros plantean locuras de invasiones brígidas de extraterrestres o una gran y tercera guerra mundial, incluso, una vez un vagabundo en el Paseo Ahumada (que realizaba una interesante exposición a los que pasábamos por ahí) gritaba que el fin del mundo sería culpa de una invasión de Nazis del espacio exterior, pero al final, lo más aceptado entre todos los que creemos que esta cosa se tiene que acabar algún día es lo siguiente. Según las predicciones místicas de los estudiosos Mayas, los planetas del Sistema Solar se alinearán perfectamente en un hecho único que sólo se produce cada miles de millones de años el día 21 de Diciembre del 2012 provocando el fin de nuestra especie. El Sol comenzaría a lanzar ráfagas de violencia, la Tierra sufriría terremotos, maremotos, huracanes y todo lo más destructivo que se puedan imaginar. Pero en fin, como suele suceder en este tipo de producciones en que la cagada es globalizada, USA será el país que tome las riendas y que comenzará a preparar un plan para que nuestra raza no desaparezca, todo gracias al descubrimiento del Dr. Adrian Helmsley quien logra advertirle con un poco de tiempo al gobierno de esta cosa. Lideradas por el presidente Thomas Wilson, interpretado por Danny Glover (Be Kind Rewind, Night Train, Down for Life), todas las naciones del mundo empezarán con tres años de anticipación a crear unos mega búnkers para sobrevivir al apocalipsis y a intentar salvar y proteger la mayor cantidad de patrimonios de la humanidad.


En medio del ya clásico secretismo en que no le dicen nada a nadie hasta que la cagada ya esté pasando. Muchas gracias gobierno, nosotros también los queremos. El problema con 2012 es que, pese a sorprender con sus geniales secuencias de destrucción, jamás logra establecer un vínculo con el espectador que paga por ver una película y no una serie de clips destructivos bacanes. Como es costumbre la historia se centra en una familia que intenta sobrevivir a los terremotos y maremotos que golpean al planeta cada cinco minutos, pero estos personajes son tan fomes que todo intento por generar empatía queda en nada. Jackson (John Cusack) y Kate (Amanda Pitt), se separaron hace algún tiempo y tienen una relación buena onda con dos hijos. Agreguen como bonus al pololo nuevo de mamá. Este grupo de personajes más otros que van apareciendo en el camino intentan representar lo que haríamos si tuviéramos el fin del mundo encima, pero resultan ser un grupo de personajes tan pencas que jamás nos importan. De hecho, el resto del mundo (que queda reducido a pequeñas hormigas entre olas gigantes y destrucción mística) genera más empatía que esta familia que si vive o muere, raelmente da lo mismo.


Lo mejor de la película es Charlie, interpretado por el maestro Woody Harrelson (Seven Pounds, Defendor, Zombieland), el clásico experto en conspiraciones que informa al mundo desde su radio ilegal buena onda el fin de todo. El resto de la humanidad, para el olvido. 2012 de verdad es efectiva a la hora de ser un buen entretenimiento visual para el fin de semana, las secuencias de destrucción son las más monstruosas realizadas hasta la fecha y todo lo que se podrían imaginar queda masacrado hasta el nivel dust. Pero lamentablemente, lo mejor de la película lo pueden encontrar en los trailers, porque su historia y excesiva duración llena de clichés y discursos mamones y baratos van a provocar que en el cine se aburran tanto que desearán que el fin del mundo llegue pronto.

3 de 10 estrellas.

Trailer